Serenidade

Entrevista

Ruy Castro

Al igual que fue necesario que llegase João Gilberto para transformar la música brasileña y explicarnos que había otra forma de cantar y tocar la guitarra, hubimos de esperar a que llegase Ruy Castro para comprender que había otra manera de contar la historia de la Bossa Nova, dejando a un lado las leyendas, aportando datos verídicos, testimonios de sus protagonistas y envolviéndolo todo con un inteligente sentido del humor. Hasta la aparición de sus libros Chega de Saudade. A historia e as historias da Bossa Nova y A onda que se ergueu no mar (Companhia das Letras, 1990 y 2001, respectivamente), los libros al respecto de dicho género musical resultaban incompletos, aburridos, llenos de incorrecciones y, en consecuencia, muy decepcionantes.

Pero la carrera de Ruy Castro empieza mucho antes y va mucho más allá de la Bossa Nova. Periodista colaborador de algunos de los más importantes medios de comunicación brasileños, Ruy es un enamorado de Rio de Janeiro al que ha dedicado varios de sus libros como Ela é Carioca –una asombrosa enciclopedia en el que se recogen 231 perfiles de personajes y lugares de la zona de Ipanema entre los años 1910 a 1970 y que participaron de manera más o menos activa en hacer de Ipanema el epicentro de buena parte de la cultura brasileña del siglo pasado– y Carnaval no fogo –un delicioso libro en el que repasa con gran sentido del humor los 500 años de historia de la ciudad con el carnaval carioca como telón de fondo–. También ha escrito sobre fútbol y teatro –firmando las biografías de Garrincha (A estrela solitaria) y Nelson Rodrigues (O anjo pornografico)–. Vive en Leblon junto a la también escritora Heloisa Seixas, varios gatos y, aprovechando su visita a Madrid para dar una conferencia, compartimos cenas, programas de radio y paseos por la ciudad, e interesantes charlas en las que nos contó cómo surgieron algunos de sus libros y muchas otras historias sobre la Bossa Nova que se quedaron fuera de ellos y que, como comprenderán, también se quedarán fuera de esta entrevista.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ruy Castro:Chega de Saudade comenzó de la siguiente manera: Yo era colaborador del Playboy brasileño y, en enero del 88, me pidieron una entrevista con Tom [Jobim], una de esas entrevistas largas que acostumbraba a publicar Playboy. Comencé a prepararla sabiendo que Playboy da mucha importancia a preguntas de naturaleza íntima, sexual, como “¿cuál fue su record en la cama?”. Yo ya tenía experiencia en ese tipo de entrevistas y sabía que para tener confianza con una persona y poder hacerle esas preguntas íntimas era necesario crear un clima durante una o dos horas. Aunque Tom me conocía, no tenía la confianza como para preguntarle “¿cuál es tu record?”, “¿fracasaste alguna vez en la cama?” o cosas parecidas. Entonces me hice una pauta de 350 o 400 preguntas de las cuales las 180 primeras eran preguntas pensadas para que Tom hablase de lo que le apeteciera hablar, preguntas sobre la música, sobre historias y anécdotas de la Bossa Nova. Todo el principio de la entrevista, una hora u hora y media estuvimos hablando de Bossa Nova para después poder hablar de lo que le interesaba a Playboy. Cuando regresé a casa sabía que ese material inicial no iba a ser aprovechado por la revista pero por otra parte era una pena tirarlo así que comencé a pensar que había conocido a Tom en el 68, que había conocido a Vinicius algunos meses antes cuando fui a su casa siendo reportero de la revista Manchete. También había entrevistado varias veces a Carlinhos Lyra, a Nara me la había encontrado en la calle en diferentes ocasiones, había trabajado con Ronaldo Bôscoli en la TV Globo varios años...

Además de conocer a todos los personajes de la Bossa Nova y tener amigos en común, conocía también todos los escenarios en los que se había desarrollado la Bossa Nova, los bares, los botequims, las boites, las playas... sin olvidar que la Bossa Nova había sido la música de mi generación. La primera vez que escuche Bossa Nova en la radio fue a los once años, en el 59, cuando apenas estaba comenzando. Muchos de los clásicos de la Bossa Nova los había escuchado en la radio como si fuera música popular normal... Samba de Verão, Samba do Avião, Garota de Ipanema, Samba de uma nota só, O barquinho... todos esos grandes clásicos sonaban en la radio durante el día. Era algo con lo que estaba muy familiarizado pero por otra parte tenía curiosidad por saber cómo surgió todo porque lo que había escrito al respecto eran esos ensayos aburridísimos de Augusto de Campos, que ni siquiera había ido a hablar personalmente con ninguno de los protagonistas. Al leer e libro de Augusto de Campos, tienes la sensación de que tres genios, Tom Jobim, Vinicius de Moraes y João Gilberto, se reunieron en un apartamento y dijeron “vamos a inventar la Bossa Nova”, igual que ellos hicieron con la Poesía Concretista, que era una cosa artificial.

Por eso se me ocurrió hacer un libro con la historia de la Bossa Nova. Lo propuse a la editorial Companhia das Letras y tuve la suerte de que Luiz Soares que por entonces era muy joven, tenía 30 años, pero que gustaba de la Bossa Nova en una época en que nadie en Brasil quería saber nada de ella, estaba completamente sepultada, aceptó la propuesta y comencé a trabajar inmediatamente. Me consiguió una beca de la UNICAMP de unos 1500$ por mes que sirvió para pagar los autobuses, porque en esa época vivía en São Paulo, y para comprar discos. Compré muchos discos en tiendas de segunda mano porque en esa época en Brasil no había discos de Bossa Nova en CD. Sólo había un recopilatorio de Vinicius, un recopilatorio de Tom y un disco de un trio llamado Fogueira3. Esos eran todos los discos de Bossa Nova en Cd que había en todo Brasil en 1988. Yo tenía muchos Lps y los que me faltaban los fui comprando en las tiendas de segunda mano. Si fuera americano hubiera tenido un equipo dedicado únicamente a buscarme esa discografía, pero como no lo soy, la fui haciendo solo.

Trabajé durante un año y medio, más o menos. Había comenzado en febrero del 88 y el libro salió publicado en noviembre del 90. Además, mientras hacía Chega de Saudade, escribí otro llamado o Melhor do mau humor, un libro de frases, porque siempre acostumbro a hacer más de una cosa a la vez. Durante el trabajo, muchas de las personas de la Bossa Nova hablaron conmigo pero con cierto disgusto. Un día llamé a un músico y cuando le comenté “estoy haciendo un libro sobre la Bossa Nova y quería hablar contigo” me respondió “por amor de dios, no hagas eso, no me metas en ese libro. Si lo haces no voy a poder encontrar trabajo nunca más”. “¿Por que´?”, le pregunté, “porque la Bossa Nova es cosa de viejos”. Qué pena que no hubiera grabado esa contestación porque ahora ese músico da shows de Bossa Nova y se enorgullece de haber sido de la Bossa Nova.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Serenidade: Y aunque no esté grabado ¿quién fue ese músico?

Ruy Castro: Me olvidé (risas). En el fondo, todos aquellos con los que quise hablar me recibieron muy bien excepto tres. Uno de ellos, Luizinho Eça, no tuvo culpa de ello. Quedé con él, fui a Rio para verle, llegué a su casa, toqué la puerta y me abrió una de sus hijas que me dijo que Luiz acababa de sufrir una sobredosis de insulina y casi muere. Estuvo varios meses en el hospital y no pude hablar con él para el libro aunque sí pude hacerlo después en múltiples ocasiones y sé que cuando lo leyó le encantó. Me contaba que viajaba para tocar a muy diferentes puntos de Brasil y en casi todos los conciertos se le acercaba alguien con el libro para que le firmase en las páginas en las que aparecía su fotografía. Uno que sí que se negó a recibirme fue César Camargo Mariano. Supongo que se pensaría que iba a preguntarle por su matrimonio con Elis Regina, aunque eso a mi no me interesaba. Yo quería preguntarle sobre Johnny Alf porque cuando éste se fue a vivir a São Paulo estuvo viviendo en su casa. El tercero que se negó a recibirme, parece ser que por timidez, fue el guitarrista baiano Walter Santos. Salvo éstos, todos los demás me recibieron maravillosamente bien. Incluso hablé con João Gilberto. Tardé un año y medio en intentar hablar con él porque estuve preparándome muy bien lo que le quería preguntar. No pude verle, sólo pude hablar con él por teléfono. Fueron seis o siete conversaciones de cuatro o cinco horas por teléfono que lamentablemente no grabé, bueno, en realidad no grabé nada en toda la elaboración del libro. João Gilberto era muy receptivo por teléfono. Si hubiera sido por él, la conversación no hubiera acabado nunca. Yo procuraba hablar con él sólo de música, raramente le hice una pregunta personal y, si lo hice, fue sólo cuando la conversación estaba en un grado de mucha intimidad, y aceptaba.

Lo gracioso fue que durante todo ese año en que me estuve preparando la entrevista con él, cuando hablaba con otras personas, con Menescal, con Ronaldo [Bôscoli], siempre me preguntaban “¿ya has hablado con João Gilberto?”, “No, todavía me estoy preparando”, y ellos me respondían, “ten mucho cuidado con él. Es una serpiente, hipnotiza a las personas hasta por teléfono. Cuando menos te lo esperes te convertirá en su esclavo. Te va a despertar de madrugada para que vayas a Praça Quinze a comprarle pescado, vas a ser un esclavo de él”. “Ya lo sé –les decía– me estoy preparando”, “no, no te lo imaginas. Es una serpiente”, me insistían. Un año después le llamé, a las once y media de la noche, la hora en la que él se está despertando (risas). Descuelga el teléfono, “¿Alô?”, “¿João? Soy Ruy Castro, no me conoces, soy periodista, estoy preparando un libro sobre música brasileña –no le hablé de que era sobre Bossa Nova porque no sabía cómo iba a reaccionar–. Me gustaría hablar sobre tu participación, que fue tan importante. Quiero hacer un libro como harían los americanos, no quiero dar mi opinión, quiero preguntarle a la gente, que me cuente cómo sucedió todo y organizarlo de manera clara para que el lector sepa realmente cómo pasó, saber cuáles fueron las personas que participaron, la importancia de los conjuntos vocales” –sabía que eso le iba a gustar–. Estuve hablando dos o tres minutos. Cuando por fin paré, João me responde [imitando la voz de João] “qué bieeen Ruy, va a quedar taaaaan bien, eres taaaaan inteligeeeeente, eres no-se-qué...” y cuando acabó de hablar le respondo “¿de verdaaaad Joããão?” ¡con su mismo tono de voz! porque cuando llevas hablando con él un rato, ¡acabas hablando como él! Si me hubiera dicho, “ve mañana a la Praça Quinze a las cinco de la mañana a comprarme pescado”, hubiera ido sin dudarlo.

Las conversaciones con João eran una cosa más o menos así: yo le mencionaba alguna grabación de Os Garotos da Lua, de Os Anjos do Inferno o de cualquier conjunto vocal de 1949. Una grabación que él no oía desde hacía más de cuarenta años porque muchas de esas grabaciones nunca se reeditaron en Lp ni en Cd y aunque hubieran sido reeditadas no le hubiera servido de nada porque no tiene equipo de música, aunque no lo necesita, ya verás por qué. “João –le decía–, esa grabación de Os Anjos do Inferno de Nega do Cabelo Duro...”, me interrumpía y sin dejarme acabar comenzaba a cantar el arreglo entero haciendo todas las voces. Es impresionante. Por eso no precisa de aparato de música, ¡se lo sabe todo de memoria! Eso duró meses y en el iterin, hablé con personas que habían sido del interés de João como gente de Os Garotos da Lua, amigos íntimos de él del pasado como Vadeco de Os cariocas, Mario Telles, que fue el mayor apoyo para poder hacer el libro y que falleció hace unos meses. Ellos sabían cosas de la vida musical de João que luego yo le preguntaba y me respondía. Es cierto que no concede entrevistas. Si vas a hacerle una entrevista no querrá hablar contigo pero si empiezas a hablar con él como hice yo, que sólo le hablé del libro la primera vez y no lo volví a mencionar, no hay problema.

Escribir el libro fue un trabajo espectacular. En Febrero o Marzo del 90 aún era inexperto en ello. No sabía que, además de tomar notas, era necesario dejarlas reposar hasta tener toda la información y después comenzar a escribir. En esa época, el presidente Color de Mello secuestró el dinero de la nación. A partir de entonces, se hizo complicado viajar para hacer entrevistas, incluso llamar por teléfono para preguntar sobre la Bossa Nova, una cosa que había sucedido cuarenta años antes, se hizo difícil. Entonces decidí que debía aprovechar esa situación para comenzar a escribir el libro, pero me di cuenta de que cuando me faltaba información pretendía solucionarlo a través de un texto bien escrito. Escribí unas diez páginas pero comprobé que eso no podía ser así. Hasta que no tuviera todo no podía comenzar a escribir. Entrevisté a las personas que faltaban y a los pocos meses tenía todo el material salvo el principio del libro, toda esa parte que habla de Juazeiro. Yo conocía a algunas personas de ese pueblo que estaban viviendo en São Paulo. Personas de la época en la que João Gilberto vivía allí. A través deellas contacté con otra que me prestó las fotos del árbol de la plaza de Juazeiro que aparecen el libro y me dio el contacto de otras tres más, y así fui contactando con otras de manera que, aunque parezca lo contrario, el capítulo de Juazeiro fue el último en ser escrito. Por causa de él tuve que rescribir el último porque fue cuando llegué a la conclusión de que João Gilberto inventó la Bossa Nova para tocar lo que a él le apeteciera y que no era ni más ni menos que lo que él oía de niño.

Escribir el libro fue muy bonito pero muy complicado. Eran muchos personajes en escena y cuando comencé con él ni siquiera sabía cuál era el protagonista, si João Gilberto o Tom. Descubrí eso a los seis meses de comenzar cuando comprobé que la vida de Tom no tenía nada de especial mientras que la de João Gilberto sí que lo tenía. Luego, mi preocupación a la hora de comenzar a escribir era la siguiente, y voy a poner un ejemplo que creó Heloisa [Seixas]. ¿Sabes cómo es una escola de samba? El desfile va desde un lugar a otro pero antes hay un lugar en el que la gente se cita para organizarse. Ese proceso de organizarse lleva horas. La gente llega de las más diversas zonas de Rio, ya disfrazada, en metro, en autobús, en taxi... Se pasan horas allí y, mientras se organizan, están tomando sus cervezas, su cachaça, fumando maconha, divirtiéndose... Ese proceso, que lleva horas, es absolutamente necesario para poder desfilar después. En el libro, el desfile comienza cuando João Gilberto graba Chega de saudade pero la historia no comienza nunca porque estoy todo el rato hablando de Bahia, de Tijuca, del Sintara-Farney Fá Clube, de Os Garotos da Lua. Yo sé que no son estos los que tienen que salir, los que tienen que salir son Tom Jobim y João Gilberto, pero sin toda esa parte inicial sería incomprensible lo que viene detrás. De esa manera, cuando lees en el libro que João Gilberto grabó Chega de saudade, entiendes que era inevitable que lo hiciera. Musicalmente esa revolución podía haberla hecho Tom, podía haberla hecho [João] Donato, pero debido a una serie de contingencias, incluso personales, sólo él podía haber hecho eso y gracias a él los demás se transformaron.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Serenidade: Escribir ahora Chega de saudade sería prácticamente imposible. Cuando comenzaste a preparar el libro, aunque Vinicius ya había muerto, aún estaban vivos muchos de los protagonistas. Sin embargo, a partir de los noventa, muchos murieron. Murió Jobim, murió Nara, Bôscoli...

Ruy Castro: Luz Carlos Vinhas murió, Luizinho Eça, Luiz Bonfá, Mariza Gata Mansa... Chico Feitosa murió la semana pasada. Nara, por ejemplo, me pasó todo su archivo y dio órdenes de que me permitieran el acceso a sus documentos después de muerta. La verdad es que ahora sería imposible hacer un libro como ese.

Serenidade: ¿Quién te impresionó más de todos aquellos con los que hablaste para hacer el libro?

Ruy Castro: João Gilberto... no sé... fueron todos. Todos son gente extraordinaria. Por ejemplo João Donato en la vida real es una figura espectacular. Fuera del piano es una persona extraordinaria, muy inteligente, muy gracioso, un loco. Ha cumplido 70 años y tiene una vitalidad de un chaval de quince. Le gusta lo que hace y está teniendo mucho éxito de cuatro años para acá. Grabó una cantidad tremenda de discos, todos muy buenos, y por fin está ganando dinero. Tom era una figura espectacular como persona. Estuve con él muchas veces, antes y después del libro, en São Paulo, en Rio, en Nueva York. Era muy inteligente y hablaba de todo menos de música. De no haber sido músico hubiera sido botánico, ornitólogo. Era un gran carioca también. La Bossa Nova sólo podía haber sido creada en Rio, nunca en São Paulo, por el espíritu de la propia ciudad, aunque se puede decir que la Bossa Nova es la idea que los paulistas tiene de lo que les gustaría que fuera Brasil. Los paulistas no gustan de negros, de suciedad, muchas de las cosas que es Brasil. La Bossa Nova es la imagen de un Brasil clean que es el sueño de los paulistas. Sin embargo, en su origen, la Bossa Nova tiene una serie de cosas que sólo podía tener Rio y la zona de Ipanema. Una determinada alegría, unas ganas de relacionarse, de charlar, de no hacer nada... Conozco una gran cantidad de personajes cariocas que son artistas geniales y que nunca hicieron nada. Pintores geniales que nunca pintaron nada.

Serenidade: Y con João ¿Has vuelto a hablar?

Ruy Castro: Cuando el libro estuvo acabado llamé a João por última vez. Le dije “João, el libro se publicó. Voy a dejar un ejemplar en tu portería”, “Ah, está bien”, me respondió. Nunca más le llamé y el tampoco lo ha hecho.
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